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Os doy la bienvenida a mi blog, realmente no se lo q saldra de el, pero espero que os guste y que poco a poco vallamos entre tod@s ampliandolo un poquito. Espero que si quereis me hagais sugerencias, e incluso si quereis publicar algo solo teneis que pedirmelo, que yo con gusto lo haré. Ante todo quiero darle las gracias Citlally, de Deja Vu Inmortal, que me ha animado a crear este blog y espero no decepcionarla. Tambien mencionar a V@!eRiE que a pesar de su corta edad tiene un gran corazón y me ha inspirado en hacer este blog. Un beso a vosotras y a todas las creadoras de estos blogs que tanto me alegran el alma. GRACIAS

martes, 9 de marzo de 2010

ESPECIAL 1000 VISITAS 3ª PARTE: LA CONFIRMACION DE UN AMOR




Bueno chic@s, aqui os dejo la tercera parte de este especial que tan importante es para mi. Finalmente no seran solo tres partes, habra una cuarta parte y quizas muy probablemente una quinta. Espero no aburriros en exceso con la historia de Sam, pero para mi entender es alguien importante en la historia y se debía conocer su parte. Advierto que este capitulo contiene una parte un tanto para adultos, pero no es nada fuerte. Espero que no os disguste. UN BESAZO ENORME A TOD@S. OS QUIERO





Había pasado casi un año desde que los Cullen habían vuelto al pueblo. Yo había decidido dejar el instituto porque no era capaz de llevar ese ritmo. Leah se enfadó mucho conmigo cuando se lo hice saber, porque ella había luchado para que yo fuera un hombre de provecho para que sacara buenas notas y no entendía porque tiraba todo eso por la borda.

Todo parecía ir tomando rumbo hacía la normalidad, aunque yo sabía que nunca mas todo iba a ser normal. Leah finalmente aceptó mis decisiones y seguíamos amándonos como siempre, nuestro amor era verdadero. Seguíamos haciendo nuestros planes de futuro y cuando podía le demostraba mi amor preparándole una pequeña velada romántica a la luz de una hoguera en First Beach, no sin antes delegar en mi manada el deber de proteger a la tribu mientras yo no podía acompañarlos y ordenarles que se pusieran en contacto lo antes posible conmigo si algo se salía de la normalidad.

Era verano otra vez y aunque lo fuera esa noche era fría, así que Leah se acurrucó en mis brazos buscando mi calor. Me miraba con esos hermosos ojos y su mirada me hacía amarla aun mas si se podía. En ese tiempo eramos felices juntos y superábamos cualquier adversidad que se nos planteara, lo único que importaba es que nos amábamos hasta lo inimaginable.

La luna estaba en lo mas alto del cielo y su reflejo sobre la piel y los ojos de mi amada hacían que su belleza se resaltara aun mas. Me quedé mirándola fijamente a sus profundos ojos, acaricié su rostro con dulzura y la besé suavemente, la besé como si fuera la última vez que pudiera besarla, ella correspondió a ese beso apretando mas su abrazo haciendo que su cuerpo se acercara mas al mio. Parecía como si fuera a ser la última noche que íbamos a poder pasar juntos, nuestros cuerpos no se querían separar el uno del otro y se fueron juntando un poco mas. Ese beso pasó de ser suave a apasionado, y nuestros cuerpos unidos pasaron a ser una sola unidad. Nuestras respiraciones eran rápidas y acompasadas, nuestros corazones aceleraron el ritmo y en mi cuerpo era recorrido por una enorme sensación de calor, pero no era el calor al que mi cuerpo estaba acostumbrado, aquel calor provenía del cuerpo de Leah.

Se separó de mi un solo instante y mi cuerpo se sintió desprotegido sin tener el suyo cerca. Se quitó la rebeca que se había puesto por el frío y se tumbó sobre la arena empujando mi cuerpo contra el suyo. Yo no llevaba camisa, nunca solía llevarla, y ella acariciaba cada esquina de mi musculosa espalda, parecía estar estudiándola con detenimiento. Ella me cogió la mano y me invitó a que también la acariciara, comencé por su vientre, pasando la mano por debajo de su blusa, no me atrevía a ir mucho mas allá. Me ayudó el que se desabrochara la blusa y dejara su torso al descubierto, pude ver como sus perfectas curvas relucían bajo la luz de la luna, tenía unos pechos perfectos, lo que me hizo desearla aun mas. Mis labios comenzaron a bajar por su cuerpo, pasaron de sus labios a su cuello, y suavemente mis labios rozaron sus hermosos pechos mientras los acariciaba suavemente, esto hizo que su piel se erizara y sus pezones se endurecieran.

Continué con mi paseo por su cuerpo besando cada rincón de aquella perfecta figura, y cuando llegué debajo de su ombligo, de su boca salió un gemido que me hizo entender que es lo que estaba deseando, que era lo mismo que yo deseaba, deseaba hacerla mía y yo hacerme suyo. Lo que estaba a punto de ocurrir sería la confirmación de un amor, que como el nuestro era verdadero. Nos deseábamos con locura y necesitábamos tenernos cerca el uno del otro, y en ese momento los dos formábamos parte de un solo ser.

Leah giró su cuerpo poniéndose encima de mi, sentándose sobre mis caderas y poniendo las manos sobre mi pecho y me observó detenidamente. Sus ojos expresaban pasión y deseo, me besó con fuerza, siguió desvistiéndose y me ayudó a mi a desvestirme, quedando nuestros cuerpos totalmente desnudos bajo la intensa mirada de la luna. Y allí estaba ella encima de mi acariciándome y besándome hasta la saciedad, mi cuerpo cada vez estaba mas excitado, creo que ella también lo notó y me miró sonriendo.

En un impulso giré nuestros cuerpos pero sin llegar a separarlos, dejándola a ella debajo de mi cuerpo colocado entre sus piernas. Noté su humedad debajo de mi, eso hizo que me excitara al máximo y en un gemido me lo pidió.

-Soy tuya Sam Uley, ¿a que esperas para tomar lo que te pertenece?-dijo esto apretando mi cuerpo mas contra el suyo.

Hice caso a su petición y comencé a introducirme dentro de ella, noté el momento exacto en que rompía su virginidad y me apoderaba de ella. En ese preciso instante noté en su rostro muestras de dolor, pero quedaron superadas por los gritos de placer que instantes después salían de nuestras gargantas. Nuestros cuerpos se fueron sincronizando poco a poco, sus caderas se movían debajo de mi mientras yo bailaba sobre su cuerpo.

En un arranque de pasión volvimos a girar nuestros cuerpos y ella quedó sentada sobre mi, comenzó a moverse haciendo que volviera a entrar en ella mientras yo acariciaba sus hermosos pechos. Cabalgó sobre mi con movimientos lentos llenos de placer cada vez que entraba en ella, el ritmo de sus movimientos fue aumentando o disminuyendo a su antojo, era ella dueña de mi en aquellos momentos y hacía conmigo lo que quería, estaba totalmente sumido ante ella. Me di cuenta cuando ella estaba llegando al clímax de aquel acto, su cuerpo temblaba encima de mi, aceleró el ritmo y eso hizo que yo también comenzara a sentir ese temblor. Ambos llegamos al orgasmo a la vez, fundidos en un solo ser, ella se recostó sobre mi torso desnudo con la respiración sumamente alterada y su cuerpo empapado en sudor. La abracé y la besé con ternura, no quería que su cuerpo se separara del mio, deseaba tener cerca su calor y su aliento golpeando en mi piel.

-Te amo Leah, eres lo mas importante de mi vida.-le susurré al oido mientras le acariciaba las mejillas.

Ella simplemente me respondió asomando una enorme sonrisa en sus labios y se tumbo a mi lado sin separar nuestros cuerpos ni un centímetro. Cubrí su cuerpo con una manta aunque hubiera sido suficiente con el calor de mi cuerpo, pero no quería que ni siquiera la luna admirara la belleza de su cuerpo desnudo.

Pasamos así, desnudos bajo la manta, un buen rato mirándonos fijamente a los ojos, en un silencio absoluto, silencio que solo rompían las olas al chocar con la orilla, el suave chisporroteo de las llamas que aun fulgían en la hoguera y el sonido de los árboles moviéndose con el viento.

Nos colocamos la ropa, aunque deseamos poder quedarnos así eternamente, sintiendo cada roce de nuestra piel, que hacía que se nos erizara hasta el ultimo pelo. Nos quedamos allí tumbados en la playa observando el cielo cubiertos de estrellas, era extraño ver eso en Forks, un cielo tan despejado no era para nada lo normal en aquella localidad. Ella se quedó dormida en mis brazos que la resguardaban de la noche fría, mientras yo la observaba y deseaba con todas mis fuerzas que algún día ella pudiera conocer mi secreto.

La cogí en brazos como si fuera un bebe y la llevé hasta su casa, no quería despertarla, pero tuve que hacerlo cuando llegamos al porche. La desperté con un dulce beso en los labios. Ella despertó devolviéndome ese beso y se desperezó poco a poco, mientras yo la soltaba en el suelo. Aun estando de pie el uno frente al otro eramos capaces de separarnos.

-Siento que todo esto es un sueño, y que tarde o temprano despertaré y tu no estarás ahí, y entonces mi vida se convertirá en una horrible y aterradora pesadilla.

-No te preocupes por eso mi vida, siempre estaré a tu lado, nunca te abandonaré.

Ella se separó poco a poco de mi, dirigiéndose hacia la puerta estirando su brazo apretando mi mano, sin ninguna gana de alejarse de mi. Yo con ganas me hubiera quedado a su lado lo que restaba de noche y la vida entera, pero ella debía entrar en casa, si no Harry enloquecería, y yo debía cumplir con mi deber de macho alfa y hacer una ronda alrededor de los límites del tratado. Le dibujé un “Te Quiero” con los labios y se adentró en su morada.

Me quedé un rato allí parado ante su puerta, pensando en todo lo que aquella noche había ocurrido. Tenía que concentrarme en no pensar demasiado sobre ello al menos mientras estuviera en mi forma lupina. Después de un rato me volví hacia el bosque y justo cuando atravesé sus límites entre en fase y comencé a escuchar los pensamientos de los miembros de mi manada.

Que suerte tiene Sam de estar con una tía buena como Leah”, escuché los pensamientos de Paul.

¿Así es como protegéis a la tribu?”, les dije con mi voz de macho alfa.

Te ha pillado de marrón. Jejeje!”, pensó Jared.

Bueno chicos, dejaros de tonterías y contarme como ha ido la vigilancia”

No ha habido ningún movimiento extraño”, me contestó Paul.

Ningún chupasangres se ha movido por la zona, ni siquiera los oímos cazar”, prosiguió Jared.

Bueno, os podéis retirar a descansar, yo haré la última ronda.”, les ordené y ellos obedecieron.

Se alejaron corriendo y noté el punto exacto en el que entraron en fase humana, porque dejé de escuchar los pensamientos estúpidos de Jared metiéndose con Paul, haciendo que este último se exasperara.

Aproveché entonces para liberar mi mente y entrar en contacto con la naturaleza, dejé fluir los pensamientos sobre todo lo acaecido aquella velada tan intensa para mi y para mi amada.

Hice una ronda rápida por los alrededores y efectivamente no había rastro de que ningún vampiro se hubiera movido de su casa aquella noche, eso me tranquilizó bastante y me hizo sentir un poco menos culpable por abandonar en cierto modo a mi tribu, aunque el placer que yo había sentido aquella noche lo tapaba todo.

Corrí hacia mi casa, ya casi era la hora del amanecer y debía descansar, últimamente apenas dormía y a eso se le sumaba que aquella noche estaba extremadamente agotado. Al llegar a los limites del bosque que rodeaban mi casa volví a mi forma humana y entré en casa silenciosamente, me metí en cama sin dejar de pensar en una forma de poder hacer que Leah supiera de mi secreto, pero que no pusiera en peligro al resto de la tribu.


lunes, 8 de marzo de 2010

ESPECIAL 1000 VISITAS 2ª PARTE: LA TRANSFORMACION




Todo iba a las mil maravillas con mi Leah, teníamos planes de futuro, ambos queríamos las mismas cosas para nuestra vida, nos casaríamos cuando termináramos el instituto, aunque ella seguiría estudiando en la universidad, tendríamos hijos, en definitiva, envejeceríamos juntos. Envejecer, cuanto adoraba esa palabra cuando la pronunciaba al hablar de Leah, en aquellos momentos no me podía imaginar una larga vida sin ella a mi lado.

Un día a principios de Septiembre estábamos los dos paseando por la playa de La Push, comenzamos a juguetear en la orilla, nos lanzábamos agua y arena, jugamos como unos niños pequeños divirtiéndose en los últimos días de verano. De pronto comencé a sentirme extraño, tenía mucho calor, aunque sabía que la temperatura no era elevada, al notar esta sensación paré en seco, en ese momento una bola de arena se estrelló contra mi espalda. Me volví hecho una furia, mi cuerpo temblaba desesperado, no lo podía controlar, no sabía lo que me pasaba. Me dirigí hacia Leah, en aquel estado pareciera que la iba a atacar, ella puso cara de terror y justo cuando estaba llegando a su altura me detuve, la miraba a sus ojos aterrorizados.

-Lo siento, lo siento. No quise hacerte daño, por favor perdoname.-dijo en tono de suplica.

Yo simplemente miré al suelo avergonzado, realmente había estado a punto de atacar a la mujer que amaba, y simplemente por una bola de arena. Giré sobre mi mismo, no quería mirarla a los ojos, le había fallado porque le había prometido que la protegería de todo lo malo que le pudiera pasar, y por alguna extraña razón en ese momento yo era el peligro para ella. Noté como ella se acercaba a mi espalda, mi cuerpo seguí temblando, pero no era de frío, porque lo que yo sentía era un calor abrasador recorriendo todo mi cuerpo. Ella me tocó el hombro y bajó para agarrarme la mano, en ese momento ella también notó el cambio de mi temperatura y mis temblores.

-¿Qué te pasa Sam?-dijo muy preocupada-Estas ardiendo, es como si tuvieras fiebre o algo.

-No me pasa nada.-dije soltado mi mano de la suya.

-Sam...-no dejé que continuara levantando mi brazo haciéndola una seña para que callara.

En ese momento sentí la necesidad imperiosa de salir corriendo, comencé a correr hacia el bosque, abandoné a Leah en la playa, llorando sin saber lo que me ocurría, pero es que yo en aquel momento tampoco sabía lo que me estaba pasando. Corrí y corrí a través del bosque que comenzaba a oscurecer cuando algo en mi cuerpo hizo que parara en seco, paré justo al lado de un arroyo. Los temblores eran cada vez mas fuertes, sentía como cada parte de mi cuerpo temblaba de forma inhumana, entonces noté como si cada musculo de mi cuerpo comenzaba a romperse, el dolor era insoportable e hizo que cayera de rodillas al suelo húmedo.

Allí estaba yo, tirado en el suelo cuando de repente todo acabó, pero nada era igual, yo ya no era lo que debía ser, no me podía erguir, y miré hacia abajo y lo que vi me hizo gritar, pero en lugar de un grito de mi boca salió un terrible aullido. ¿Que me había pasado? Me acerqué un poco mas al arroyo para poder corroborar lo que acababa de ver en mis pies. Cuando me asomé a aquel riachuelo la imagen que vi me horrorizo sobremanera, ya no era yo lo que se reflejaba en el agua. En mi lugar había un enorme lobo color negro azabache, no entendía nada y otro aullido salió de mi garganta.

Entonces sentí otra vez aquel enorme deseo de salir corriendo del lugar y corrí, en esa ocasión lo hacía a muchísima mas velocidad de la que era normal. Corrí tan rápido que en poco tiempo me di cuenta de que había salido del estado, corría de un lado a otro sin rumbo alguno, sin saber donde me llevaría esa carrera, pero solo sentía que debía seguir haciéndolo.

No se cuanto tiempo estuve en aquel estado, pasaron como dos semanas antes de que pudiera calmarme y pensé que debería volver a casa, pero no podía hacerlo en aquella forma. Eso me hizo pensar que no sabía si volvería a ser normal, si podría abandonar mi forma lupina para recuperar mi forma humana, en realidad no sabía porque me estaba ocurriendo aquello. Conforme iba llegando a los límites de la reserva fui calmándome poco a poco hasta que en el bosque de los alrededores de First Beach, donde me paré y me calmé por completo, y cuando me quise dar cuenta estaba de nuevo en mi forma humana. Lo había conseguido, no iba a pasar el resto de mi existencia siendo aquel horrible monstruo, pero entonces cuando observe de nuevo mi cuerpo estaba totalmente desnudo, con aquella transformación mis ropas habían desaparecido.

Esperé que fuera de noche para escabullirme dentro de mi casa, no quería que nadie me viera de aquella forma. Entré silenciosamente a mi habitación y mientras me vestía escuché a mi madre como se levantaba.

-¿Sam?-preguntó con tono de preocupación-¿Hijo estas ahí?

-Si mamá.-dije mientras salía de mi habitación y ella corría a mis brazos.

-Oh hijo mío, ¿donde has estado? Te hemos buscado por todos lados.-las lagrimas salían de sus ojos desmesuradamente, mientras me tocaba comprobando que estuviera bien.

-Lo siento mamá, de veras lo siento, no se que pasó por mi cabeza para estar fuera tanto tiempo.-evité el contarle el verdadero motivo por el que había huido, pensé que no sería bueno que nadie lo supiera.

-No vuelvas a marcharte, prometeme que no volverás a desaparecer.-seguía besándome y abrazándome-Leah esta que no vive tranquila pensando en que te ha ocurrido algo.

En ese momento volvió a mi mente, mi amor estaba preocupada, le había fallado, había prometido no separarme nunca de ella y lo había hecho, le había hecho daño. Cuando mi madre se tranquilizó fui para la cocina y comí todo lo que encontraba, había estado dos semanas casi sin comer, tampoco había dormido mas de dos horas seguidas porque en cuanto caía dormido unas horribles pesadillas venían a mis sueños. Dormí todo lo que quedaba de noche del tirón y en cuanto desperté corrí a casa d Leah que tuvo la misma reacción que mi madre al verme.

-Prometeme que nunca me abandonarás, que estarás siempre a mi lado.-decía mientras lloraba desconsoladamente.

Las cosas volvieron a su normalidad pero no del todo, yo no debía contarle a nadie mi secreto, y la gente divulgaba rumores sobre mi ausencia, de los cuales ninguno era bueno. De vez en cuando mi cuerpo tenía aquellos temblores característicos que denotaban que la transformación esta cerca, así que tenía que salir corriendo donde nadie me pudiera ver. Cada vez me era menos difícil volver a mi forma humana, pero seguía sin saber que es lo que realmente me ocurría. Cada vez que entraba en fase lupina mi ropa se desgarraba y quedaba hecha añicos, así que opté por dejar escondida en el bosque una muda de repuesto.

Una tarde tras una de aquellas inesperadas transformaciones volví a casa, entré corriendo porque aun tenía aquel subidón de adrenalina tan característico de lo que últimamente me ocurría. Al entrar me encontré que sentado junto a mi madre se encontraba el Viejo Quil Ateara, el abuelo de Quil, al escucharme de entrar ambos se levantaron de su asiento y él me extendió la mano para estrechármela. Al hacerlo su cara cambió por completo, su piel palideció hasta el máximo, y me miraba con ojos desorbitados, creí que le iba a dar un ataque al corazón allí mismo. No supe lo que le pasaba, pero él enseguida se marchó poniendo como escusa que tenía pendiente una visita a los Black.

Al día siguiente aparecieron en la puerta de mi casa el Viejo Quil, Billy Black y Harry Clearwater, el padre de Leah. Me dijeron que necesitaban hablar de algo importante conmigo, pero que tenía que ser en otro lugar. Me llevaron a un lugar apartado del bosque y cuando se aseguraron de que nadie nos podía escuchar comenzaron su relato.

Me contaron la historia de nuestros antepasados, comenzando por los espíritus guerreros desde el primer jefe, Kaheleha, hasta el último, Taha Aki, y como éste último fue traicionado por uno de sus mas fuertes guerreros, Utalpa, cuando éste le robó el cuerpo mientras el jefe Taha Aki daba uno de los viajes en forma de espíritu para vigilar la seguridad de su tribu. Esto hizo que Taha Aki vagara por los bosques hasta que consiguió que un gran lobo le permitiera compartir su cuerpo y así en su forma lupina destruir al traidor y recuperar a su pueblo.

Continuaron contándome como una extraña criatura fría atacó en la reserva y como consiguieron destruirla, y posteriormente viniera otra para conseguir venganza. Me contaron la historia de como la tercera mujer sacrificó su vida para ayudar a destruir a la Mujer Fría.

Yo los escuchaba alucinado, había escuchado las leyendas sobre los fríos y las que contaban como los Quileutes descendíamos de los lobos, pero nunca pensé que eran reales. Todo comenzaba a tomar sentido, me contaron que solo algunos de los Quileutes teníamos el gen para convertirnos en lobos, y que cuando ocurría era porque la tribu estaba en peligro. Me contaron que hacía algún tiempo Ephraim Black, había descubierto a un aquelarre de vampiros cazando animales en las tierras de la reserva, pero que ellos prometieron que no eran peligrosos, que no se alimentaban de humanos, solo de animales. Así que firmaron un acuerdo en el que se dividía la zona por la que no deberían pasar los vampiros y todos vivieron en paz. Ellos se fueron poco tiempo después y no volvió a haber la necesidad de que ningún miembro de la tribu volviera a convertirse.

Me explicaron el porque de que yo hubiera sido el primero en convertirme, era el único con el gen lo suficientemente maduro para poder hacerlo, y que pronto otros me acompañarían, porque el aquelarre había vuelto, los Cullen habían vuelto a Forks.

Me tomé mi tiempo para reflexionar todo lo que en aquella reunión se me había contado. Las ideas se me agolpaban en la cabeza, y ese mismo día comenzó mi odio por los Cullen. Por su culpa yo estaba condenado a ser lo que era, mitad hombre mitad lobo, sin la posibilidad de poder renunciar a ello. Por otro lado me sentía orgulloso de ser uno de los “elegidos” para proteger a mi tribu, a mi familia.

Otra de las cosas malas que tenía el ser lo que era, fue que no podía confesárselo a mi amor, si lo hacía ponía en peligro el secreto de los Quileutes, así que le tenía que mentir constantemente sobre mis escapadas, y ella enfurecía cada vez que yo tenía que desaparecer.

Pronto se unieron a mi otros chicos de la tribu, Paul y Jared. Entre los tres cubríamos todo el territorio y vigilábamos que ningún Cullen ni ninguna otra criatura fría anduviera cerca de los límites del tratado. Descubrí que era cierto que estando en forma lupina nos podíamos comunicar dado que podía oír los pensamientos de mis compañeros de manada. Yo era el macho alfa y era el que tenía que tomar las decisiones sobre como debíamos cubrir nuestras guardias.

Estaba agotado, y de esto Leah se daba cuenta, poco a poco me iba alejando de ella, aunque aun la amaba, y ella me amaba a mi. Lo veía en sus ojos cada vez que nos mirábamos, a nosotros no nos hacían falta apenas palabras para profesar nuestro amor. Pero ella sufría, y yo sufría con ella, no soportaba el tener que guardarle aquel secreto. Incluso en alguna ocasión pensé en romper mi silencio y contárselo todo, pero esos pensamientos solían venir a mi mente en mi forma lupina por lo que enseguida Paul y Jared me convencían para no hacerlo, me decían que ella no era la indicada para conocer en ese momento nuestro secreto. Así que me conformé con poder amarla mientras mi deber de macho alfa me lo permitía.


sábado, 6 de marzo de 2010

ESPECIAL 1000 VISITAS 1ªPARTE: EL COMIENZO



Bueno chicas, ya llegué a las 1000 visitas, y eso es solo y exclusivamente gracias a vosotras. Os doy las gracias por seguirme y por apoyarme siempre, cuando estoy feliz, cuando estoy triste y cuando necesito vuestro apoyo siempre estáis ahí. He escrito un especial que espero realmente que os guste. Es algo diferente, sabéis que mi historia esta contada por gente que a mi parecer es importante para la historia de crepúsculo, así que pensé que el protagonista de este especial debía tener su hueco en mi historia. De veras espero que os guste, la escribí de todo corazón. Aquí os dejo la primera parte de tres, publicaré una cada día o al menos eso intentaré. UN BESAZO A TODAS, OS QUIERO





Mi nombre es Sam Uley, pertenezco a la tribu de los indios Quileutes, afincados en la reserva de La Push, situada en la ciudad de Forks en el norte del estado de Washington. Estoy aquí para contaros la historia de mi vida, bueno en realidad de como en cierto momento mi vida cambió por completo. El como la llegada de una simple familia, que a los ojos de los demás eran totalmente normales, hizo que mi vida, que era totalmente normal para un chico de 19 años, cambiara por completo.


Comenzaré a relatar mi historia desde que entré al instituto de la reserva. Yo no era muy buen estudiante, me costaba mucho trabajo sacar adelante las asignaturas. Entre la escuela y ayudar a mi madre en casa no daba abasto, desde que mi padre murió siendo yo pequeño, había hecho todo lo posible para que a mi madre le fuera todo un poco mas fácil. Mi profesor de matemáticas me comentó que había chicos en el instituto que se ofrecían voluntarios para ayudar a los que tuvieran algún tipo de problema con alguna asignatura y me recomendó que solicitara a un tutor para la suya y que así me costara menos trabajo sacarla adelante.

Cuando acabaron las clases me dirigí hacia la secretaría para rellenar la solicitud. Al abrir la puerta vi que había un par de personas esperando a ser atendidas, así que me senté en los bancos a esperar mi turno. Estaba empezando a desesperarme cuando se abrió la puerta y a través de ella pasó una chica, la chica mas hermosa que había visto jamas. Su melena castaño oscuro le caía hasta la mitad de la espalda, su piel tenía un tono broncíneo y sus ojos eran color chocolate, eran los ojos mas profundos que había visto nunca. Cuando me quise dar cuenta la chica estaba sentada junto a mi y por un momento tuve que recordar que necesitaba respirar.

-Hola,-dijo la chica dirigiéndose a mi-¿llevas mucho rato esperando?

No era capaz de pronunciar palabra, ,e quedé mudo por unos instantes hasta que a duras penas salieron algunas palabras de mi boca.

-Bu...Bueno...unos cinco minutos.-las palabras salieron a tropezones de mis labios. Estaba haciendo el ridículo, y lo estaba haciendo delante de la chica mas guapa del instituto.

-Me llamo Leah, Leah Clearwater.-dijo extendiendo su mano.

Me quedé mirándola fijamente, no era capaz de apartar la mirada de sus profundos ojos.

-Sam Uley, encantado.-le dije estrechándole la mano.

En ese momento, una corriente eléctrica recorrió todo mi cuerpo, y ella se sonrojó al mismo tiempo que nuestras manos se unieron, lo que provocó que se soltara pronto, mientras yo seguía adorando su belleza hasta que le eché el valor suficiente para seguir la conversación.

-¿Eres nueva?-le dije. Juraba que nunca la había visto por el instituto ni por la reserva.

-Bueno, es mi primer año en el instituto, pero llevo desde principio de curso.-me contestó.

-¿Y que te trae por la secretaría?-le pregunté interesado.

-Mi profesor de matemáticas el profesor Bell, me comentó que como soy bastante buena en su asignatura, podría ofrecerme voluntaria para ayudar a algún compañero que lo necesitara, espero realmente poder ayudar a alguien.

-No me lo puedo creer.-mis ojos se abrieron en exceso, no daba crédito a lo que estaba escuchando.

-¿Qué ocurre?-dijo en un tono algo molesto-¿Que porque sea chica no puedo ser buena en algo?

-No, no es eso. Es solo que el profesor Bell, me recomendó que yo solicitara un tutor para su asignatura. ¿No te parece una casualidad?

-Pues si, es una gran coincidencia.-contestó Leah-¿Sabes que podríamos hacer? Ahorrarnos esta cola y concertar las tutorías por nuestra cuenta. ¿Que te parece?

No daba crédito a lo que me estaba pasando en ese momento, la chica mas guapa que mis ojos jamas habían alcanzado a ver, se estaba ofreciendo a ayudarme siendo mi tutora. En ese momento agradecí ser totalmente nulo para los números.

-Pues creo que sería perfecto. Pero te advierto de una cosa, soy muy pero que muy torpe en esa asignatura, así que tendrás que tener mucha paciencia.

-No te preocupes Sam, si alguna virtud me caracteriza esa es la paciencia.-me contesto esbozando una sonrisa en sus labios.

En ese momento a mi se me ocurrían mas de una virtud para describirla, era bella, inteligente, su pelo era perfecto, sus ojos profundos, sus labios deseables, nada más que se me venía buenas palabras para describir a aquella chica.

-¿Cuando te viene bien empezar con las tutorías?-me dijo Leah sacándome de mis pensamientos.

-¿Te viene bien a ti esta misma tarde? Mañana tengo un examen y me haría falta un poco de ayuda.

-Perfecto, yo también tengo ese examen así que aprovecharé para dar un repaso. ¿Nos vemos a las cinco en la biblioteca?

-Allí estaré.-le contesté.

Ella se levantó de su asiento y salió por la puerta despidiéndose de mi con la mano. Yo me quedé allí, sentado en el banco de la secretaría, petrificado, sin apenas aliento, había encontrado a la chica de mis sueños, la había tenido tanto tiempo cerca de mi y ni siquiera la había visto. No se cuanto tiempo estuve sumido en ese trance, hasta que de repente una voz aguda retumbó en mis oídos.

-¿Necesita algo Sr. Uley?-sonó la voz de la Srta. Lance, la secretaria.

Negué con la cabeza y salí por la puerta, con los pensamientos aun en Leah Clearwater, y aun hoy sigue estando en mi mente, aunque ahora de otra manera. Pero eso aun no viene al caso mencionarlo.


Cuando llegó la hora me dirigí hacia la biblioteca para reencontrarme con la belleza personificada. Entré en el salón y allí se encontraba ella, tan perfecta como la había podido ver hacía unas horas. Me acerqué a ella con sigilo y cuando estuve a su altura carraspeé la garganta para hacer notar mi presencia. Pegó un brinco y su cabello se movió, el aire que provocó ese movimiento hizo que llegara hasta mi su olor, era el mas perfecto de los aromas que jamas mi olfato había percibido, era una mezcla entre dulzón y salvaje.

-Hola Sam, ¿preparado para el maravilloso mundo de las ecuaciones de tercer grado?-me dijo con una gran sonrisa asomando por su rostro, y yo puse cara de resignación.

-¡Que remedio!-le contesté.

Nos pasamos la tarde entera entre números y ecuaciones, nunca pensé que le iba a prestar tanta a esa asignatura. En algunos momentos, pensé que Leah tiraría la toalla, que se daría por vencida ante mi torpeza con las matemáticas, pero no fue así, siguió insistiendo hasta que consiguió que mi cerebro asimilara toda esa información. Tanto fue así que el examen del día siguiente me salió casi perfecto, saque un 7.5 sobre 10, cuando casi nunca antes había llegado al 5. Asé que le seguí pidiendo ayuda a Leah incluso en otras asignaturas como geografía, a lo cual ella accedió encantada, decía que a ella le venía muy bien porque así aprovechaba para estudiar ella también.


Cuando acabó el primer semestre, gracias a la ayuda de mi nueva amiga Leah Clearwater había conseguido aprobar todas las asignaturas con buena nota. Mi madre estaba tan emocionada por mis buenas notas que preparó una fiesta para celebrarlo, a la cual invité a Leah que viniera. También invité a algunos chicos de la reserva, entre los cuales estaban Paul, Jared y Jacob Black, todos accedieron gustosos porque adoraban las merendolas de mi madre.

Leah llegó puntual a la hora que habíamos acordado, venía acompañada de su hermano Seth.

-Espero que no te moleste.-me dijo-Es que mi padre ha ido junto con Billy Black y el jefe Swan de pesca, y mi madre estaba muy ocupada.

-Por supuesto que no me importa, de todas formas mi madre ha preparado comida para un regimiento.

Pasamos una tarde super divertida y cuando arrasamos con todos los víveres que mi madre había preparado, le pedía Leah que viniera a dar un paseo a la playa conmigo. Antes de esto dejamos a Seth en su casa, Harry Clearwater ya había llegado y Sue estaba preparando su pescado frito especial. Me invitaron a cenar para cuando volviéramos del paseo.

Bajamos hasta First Beach, el sol estaba comenzando a bajar en el horizonte, comenzando el crepúsculo, tiñéndolo todo de tonos anaranjados. Paseamos el uno junto al otro en un absoluto silencio, solo se escuchaban nuestros pies chapotear en el agua y a las olas romper en la orilla.

-Muchas gracias por todo.-le dije a Leah rompiendo nuestro silencio.

-No tienes porque darlas, he disfrutado muchísimo ayudándote.-me contestó parándose en seco, lo que hizo que me volviera en su dirección y quedara parado justo delante de ella-Me gustaría contarte algo Sam, pero no se si sería correcto, o si cambiara en algo tu actitud hacia mi.

-Puedes decirme lo que quieras Leah, eres una persona muy especial para mi, y siempre aceptaré todas tus opiniones.

-Creo que me estoy enamorando.-dijo sonrojándose hasta lo imposible-Y no se si ese chico me corresponde, y tampoco se como reaccionará cuando se lo diga.

En ese momento, mi corazón calló derrumbado, no sabía que hacer, la chica de mis sueños me estaba declarando su amor por otro chico, todas mis ilusiones se habían desplomado en un solo instante. No sabía que decir, yo la había llevado allí para declararle mi amor por ella, y ahora era ella la que se confesaba ante mi.

-Leah, seguro que encontrarás al chico adecuado para ti, y si ese chico no sabe apreciarte, es que no merece la pena.-las palabras salieron de mis labios con mucha tristeza, me dolía en el alma, pero ella merecía ser feliz.

-¿Estas seguro? Veo todos los días a ese chico, y nunca ha dado señales de que se fije en mi, como algo mas que una compañera de instituto.

-Pues si es así, es que ese chico no tiene ojos el la cara. Leah, eres una gran persona y ademas eres sumamente hermosa, el que no lo vea no sabe apreciar la belleza.-no se cual de los dos se puso mas sonrojado ante mi declaración.

-¿Y si te dijera que ese chico eres tu?-continuó.

En ese momento mi corazón revivió, de haberse parado casi por completo, pasó a latir a mil por hora. No daba crédito a lo que estaba escuchando, la chica de mis sueños, la única chica para la que tenía ojos, me estaba declarando su amor, y no estaba hablando de otro chico como había pensado tontamente, se refería a mi, estaba enamorada de mi.

-¿Y si te dijera que ese chico si que te corresponde?-le respondí con otra pregunta-¿Y si te dijera que ese chico está enamorado de ti desde el primer día que te cruzaste en su camino, y que poco a poco has hecho mella en su corazón?-me acerqué a ella haciendo una pausa en mi discurso, levanté la mano y acaricié su mejilla suavemente-Leah Clearwater, te amo mas que a mi vida, desde el mismo instante en que cruzaste el umbral de aquella puerta, mi corazón te pertenece desde siempre, y puedes hacer con el lo que quieras, es tuyo.

Ella me miró fijamente a los ojos, la felicidad irradiaba en su rostro y la sonrisa no desaparecía de sus labios. En ese momento cuando intentó apartar la mirada de mi, agarré con suavidad pero con firmeza su mentón y me acerqué poco a poco a ella, sus mejillas se sonrojaban mas y mas, era gracioso ese contraste entre el moreno de su piel y la sangre acumulada en sus mejillas, era como una mezcla entre fresa y chocolate. Me acerqué un poco mas hasta alcanzar a besar su frente, después besé su mejilla, y finalmente acabé uniendo mis labios con los suyos fundiendonos en un suave beso. Sus labios eran dulces y cálidos, los saboreé como si fueran un gran manjar que llevaras tiempo queriendo probar. Ese beso duró tan solo unos instantes, pero para mi el mundo había desaparecido por completo, solo existíamos Leah y yo, y en ese momento nos juramos amor eterno, un amor que a día de hoy reconozco no debí prometer.

Eramos super felices estando juntos, acabó el curso y aprobé con buenas notas. Nos pasamos todo el verano haciendo planes juntos, todos los días dábamos un paseo por la playa y hubo alguna vez que hicimos el salto del acantilado. Ella era una chica atrevida, fuerte y valiente, practicábamos mil y una actividad deportiva con mayor o menor riesgo. Todo era perfecto, mi corazón era suyo y el de ella mio, cosa que nos recordábamos a diario, incluso había veces que no nos hacía falta decirlo de viva voz, simplemente nos lo declarábamos con una mirada, una caricia o un simple beso.





viernes, 5 de marzo de 2010

29.- La Preocupación



El despertador sonó a las siete en punto de la mañana y me levanté de la cama de un brinco. Aun rondaban por mi mente las imágenes de la pesadilla que había tenido aquella noche y pensé en llamar a Bella para asegurarme que estaba bien, aquella pesadilla había sido tan real que me llegué a plantear que hubiera ocurrido de verdad.

-Ha sido solo una pesadilla Jess.-me dije a mi misma en voz alta.

Me metí en la ducha para intentar despejar mis ideas, dejé caer el agua sobre la cabeza y mientras cerraba los ojos vinieron a mi mente la imagen de aquella mirada aterradora de ojos rojos. Salí corriendo de la ducha, me lave los dientes y me puse lo primero que pillé del armario, no tenía ánimos ni si quiera para arreglarme, aunque había dormido lo suficiente aquella pesadilla había hecho que no descansara de la forma adecuada. Tenía un nudo en la boca del estómago que me lo cerraba completamente, así que para desayunar tan solo tomé un vaso de leche. Cogí el bolso donde metí mi móvil y las llaves y salí de casa para meterme en mi coche y dirigirme hacia el instituto.

El día seguía lluvioso, aunque la tormenta de la noche anterior había desaparecido, menos mal porque realmente pensé que la tormenta había influido en mis pesadillas, o al menos eso pensé en ese momento.

Cuando llegué al instituto escaneé toda la zona de aparcamiento, pero no estaban ni el coche de Bella, ni el de Edward, ni siquiera estaba el de ninguno de los Cullen. Algo dentro de mi empezó a preocuparme, sentía como si poco a poco mi pesadilla fuera tomando forma y convirtiéndose en un hecho real. Pero no podía ser, seguro que cuando llegara la hora de trigonometría ella estaría sentada en su lugar de siempre, con la mirada distraída pensando como no en su amor.

Las horas de la mañana se me hicieron eternas, en Biología le pregunté a Erik si había visto a Bella en clase de Literatura, pero me comentó que había tenido que ir al medico a primera hora y que había faltado a esa clase. Estaba ansiosa porque terminara la clase y correr hasta el aula de trigonometría, necesitaba saber si ella había ido a clase, y si no era así comenzaría a preocuparme realmente.

Sonó la campana que indicaba el final de la clase y salté de mi asiento como si quemara, recogí mis cosas en un salto y salí del laboratorio a la velocidad del trueno. En ese momento hubiera deseado tener velocidad vampírica para llegar lo antes posible al aula de trigonometría, y por fin llegué. Cuando entré la clase aun estaba vacía, me senté en mi pupitre esperando impaciente y mirando fijamente hacia la puerta. Un minuto después entró Lauren que se me quedó mirando fijamente y se acercó a mi.

-¿Qué te ocurre Jess?-me dijo preocupada.

-No es nada Lauren,-mentí-solo que estoy esperando que llegue Bella, quiero interrogarle sobre su fin de semana, y saber como le va con Edward.

-Bueno, pues deja de esperar.-al pronunciar estas palabras mi corazón se aceleró.

-¿Qué quieres decir?-le pregunté ansiosa.

-Pues que Bella no ha venido hoy a clases, ni tampoco Edward.-estas palabras hicieron que mi preocupación aumentara-Parece que si que se lo han pasado bien el fin de semana. Ya me entiendes, no?

-Si, si te entiendo.-asentí no muy convencida.

Poco a poco fueron entrando el resto de los alumnos, yo me mantuve toda la hora totalmente en silencio. Algo dentro de mi me decía que debía preocuparme realmente por la ausencia de mi compañera y amiga. Pasó la hora de trigonometría y en la de español tampoco vi a Bella.

Cuando llegó la hora del almuerzo entré en la cafetería con la esperanza de ver a algún Cullen sentado en su mesa, y si así era echaría valor y me acercaría a preguntarles si sabían algo sobre Bella o sobre Edward. No había nadie de la familia allí, la mesa estaba vacía y la sala comenzó a darme vueltas, estuve a punto de caer al suelo si no llega a ser porque Mike estaba justo detrás mía para sujetarme en el último momento. Me agarró por la cintura y me beso en la coronilla.

-¿Qué te ocurre Jess?-preguntó preocupado.

-Nada.-le mentí, pero no quería preocupar a nadie mas sin saber realmente lo que había ocurrido-Solo que me mareé un poco, es que apenas desayuné porque tenía el estómago cerrado cuando me levanté. Lo único que necesito es tomar algo sólido.

-Pues siéntate cariño, que yo te lo traigo, no valla a ser que termines cayéndote.

Me senté con el resto de compañeros, y nadie parecía haberse dado cuenta de la ausencia de los Cullen, ni de la ausencia de Bella. Estaba enloqueciendo por momentos, ¿en serio nadie había notado que era sumamente extraño que tanto los Cullen al completo como Bella no hubieran asistido a clase ese día? La única que pareció preocuparse y darle algo de importancia fue Angela que me preguntó si yo sabía algo al respecto. Le dije que no sabía nada, no quise contarle nada sobre mi pesadilla para no preocuparle inútilmente, ella era un tanto mas susceptible que yo, así que simplemente le dije que llamaría al llegar a casa a Bella, y que en cuanto supiera algo que la avisaría.

El resto de la mañana se me hizo eterna, parecía que nunca iba a dar la hora de irse a casa y poder descubrir realmente el motivo por el que Bella no había asistido a clase aquel día. Fuese cual fuese el motivo de su ausencia, tenía que ser realmente grave, porque ella jamás había faltado a una clase desde que llegó al instituto, solo el día de las pruebas de Rh en clase de biología, que se mareó y Edward la tuvo que llevar a casa.

Cuando acabaron las clases corrí hacia mi coche antes de que salieran todos los demás y evitar el atoro que solía producirse a esa hora para salir del aparcamiento. Salí a toda velocidad de aquel aparcamiento, ni siquiera había esperado a despedirme de Mike como casi siempre hacía. No pensaba en otra cosa que llamar a casa de los Swan y comprobar que todo estuviera bien.

Cuando llegué a casa solté la mochila y los libros en la entrada y corrí hacia la cocina a coger el teléfono. Marqué el numero de la casa d Bella, pero nadie respondió, la llamé al móvil pero me daba que estaba apagado. Eso me preocupó aun mas, así que pregunté a mi madre si sabía el numero de la oficina del Jefe Swan explicándole que simplemente quería preguntarle por Bella porque no había ido a clase. Volví a coger el teléfono y marqué.

-Oficina de Policía, al habla el jefe Swan, ¿en que puedo ayudarle?-respondió el padre de mi amiga.

-¿Jefe Swan? Soy Jessica, Jessica Stanley, compañera de Bella.

-Dime Jessica, ¿que deseas?

-Pues verá, es que como Bella no ha ido a clase hoy, estaba algo preocupada, ¿no estará enferma?

-Bueno Jessica, Bella está bien. Solo que ayer cuando volvió de jugar al Beisball con Edward, me dijo que necesitaba irse, que volvía con su madre a Phoenix.-se notó mucha tristeza en su voz, se resquebrajaba por momentos conforme avanzaba su frase-Muchas gracias por preocuparte por ella, en cuanto se ponga en contacto conmigo para avisarme que ha llegado bien te aviso, y le comunico a ella que has llamado.

-Muchas gracias Sr. Swan, me deja usted mas tranquila.

-No hay de que, y gracias a ti por preocuparte.

-Hasta pronto Sr. Swan.

Colgué el teléfono y un recuerdo vino a mi mente. Era una imagen de mi sueño, de aquella horrible pesadilla, era el momento justo en que aparecí delante de la puerta de urgencias de aquel hospital, momentos antes de que llegara el coche en el que viajaban Edward, Bella y el Dr. Cullen. Mi mirada se fijó en un detalle concreto de aquel recuerdo, era el nombre de aquel hospital, era el Arizona State Hospital, entonces lo relacioné todo, el sol abrasador, el calor asfixiante, estaba en Phoenix, justo donde el jefe Swan me había dicho que se dirigía Bella.

Subí las escaleras saltando los escalones de dos en dos, me metí corriendo en mi habitación y abrí el portátil. Busqué el numero del hospital que había recordado de mi sueño y marqué con rapidez. Pregunté si hacía sido ingresada alguna chica en las últimas horas con el nombre de Isabella Swan, me dijeron que no, y le di la descripción pero me dijeron que nadie con esa descripción había sido atendida en las urgencias de aquel hospital en las últimas horas. Eso me tranquilizó un poco pero algo seguía diciéndome que no todo iba bien.

Para despejar un poco la mente, entré en la pagina del concurso y lo que vi hizo que esas preocupaciones se borraran de mi mente por un momento. Quedaban menos de 48h para que terminara el concurso y Mandy y yo íbamos las primeras, y ademas con bastante ventaja. El evento que habíamos creado para Tuenti y Facebook había surtido efecto. Estuve hablando con Mandy sobre ello, he hicimos mil y un plan para cuando llegara el día, entre otras cosas el modelo de ropa que llevaríamos puesto. Le conté a Angela lo que me había dicho el padre de Bella y ella también se quedó un poco mas tranquila.

Hice un par de ejercicios de trigonometría y estudié un poco para el examen de Literatura de el jueves siguiente. Y así pasé el resto de la tarde metida entre libros para intentar no pensar demasiado en Bella. De pronto me acordé que no había hablado con Mike y le mande un mensaje pidiéndole disculpas por mi actitud ese día. Le mentí un poco diciéndole que es que no me encontraba del todo bien porque no había dormido bien la noche anterior, aunque eso no era del todo mentira, pero tampoco era toda la realidad. El me contestó diciéndome que no le diera importancia, que descansara bien y que el día siguiente ya hablaríamos. Era tan comprensivo conmigo, realmente lo adoraba.

Hice caso a Mike y en cuanto cené, me pegué una ducha rápida y me metí corriendo en la cama, deseando que morfeo me acogiera en sus brazos y guardara de que mis sueños fueran dulces y tiernos.


miércoles, 24 de febrero de 2010

28.- Pesadillas




Estaba en medio de una calle repleta de gente, hacía un sol abrasador como el que nunca había vivido antes. Miré a mi alrededor y no supe distinguir en que lugar me encontraba, pero desde luego no estaba en Forks. Mientras comenzaba a pasear intentando descubrir donde me encontraba una imagen vino a mi mente, eran unos ojos color marrón chocolate, me eran algo familiares pero no acertaba a recordar de quien eran. Esa mirada se clavó en mi mente, era una mirada de profunda, con una mezcla entre ira y miedo, miedo que empezó a invadirme poco a poco.


La mirada se desvaneció, el sol me deslumbraba con su fuerza y pude ver la silueta de la que supuse que era la dueña de aquellos ojos que no se apartaban de mi mente. Solo pude distinguir levemente su silueta, era una chica, parecía joven, y su cuerpo temblaba ligeramente. La chica de pronto comenzó a correr delante mía, algo me decía que debía detenerla, que estaba en peligro, pero sin embargo mis piernas no respondían a lo que mi mente planteaba. Me llevé las manos a la cara tapándome los ojos con rabia, sabía que la chica corría peligro pero no podía hacer nada para detenerla.


Cuando abrí los ojos de nuevo, todo estaba sumamente oscuro, aquella oscuridad hizo que un escalofrío recorriera todo mi cuerpo, e hizo que me encogiera abrazando mis piernas y hundiendo el rostro en mis rodillas esperando a que aquella oscuridad acabara. Poco a poco fui acostumbrándome a esa oscuridad, no conocía el sitio donde estaba, solo se que había un montón de espejos que cubrían toda la pared de la habitación, entonces me fijé que había una barra que recorría de punta a punta la sala donde me encontraba, y entonces supe que me encontraba en una escuela de ballet.


Escuché como unos pasos se adentraban en la sala, esos pasos eran duros, como si los causara alguien fuerte y grande, aunque eran tranquilos y sosegados. Se hizo la luz y corrí a esconderme dentro de un despacho contiguo a la sala de ensayo. Miré por la rendija de la puerta y pude ver al dueño de esos pasos.


Era un hombre alto, delgado pero de complexión fuerte, tenía el pelo largo y algo desmarañado el cual recogía en una coleta. Llevaba unos vaqueros raídos y algo sucios, su torso lo cubría una chaqueta de cuero la cual llevaba abierta y dejaba al descubierto su pecho desnudo y musculoso. Su piel era pálida pero con un tono de brillo ante la poca luz del sol que había dejado entrar a través de las ventanas, parecía como si fuera nieve sobre la que se reflejaba la luz. Era realmente hermoso, aunque había algo en sus ojos que daba un poco de miedo, eran negros como el azabache y reflejaban un sentimiento de maldad.


El hombre comenzó a moverse con suma rapidez alrededor de la sala, colocando cosas aquí y allá, como si estuviera preparándole una sorpresa a alguien, pero algo en la forma que tenía de moverse y en su actitud me decía que no era una sorpresa agradable. Preparó una mesa con un televisor antiguo y un video donde colocó una cinta en la que ponía “Acción de Gracias”. No se cuanto tiempo estuve ahí escondida en aquel despacho admirando la belleza y hermosura de ese ser que tenía delante, cuando de repente escuché como alguien entraba corriendo en el edificio y al hombre se le ensanchó la sonrisa, parece que sería la persona a la que estaba esperando.


Mientras se escuchaban los pasos de aquella persona que subía los escalones de madera de aquel edificio antiguo, el hombre se escondió en un rincón oscuro junto a la salida de emergencia. La televisión se encendió y el video se puso en funcionamiento, no alcanzaba a ver las imágenes que se estaban emitiendo, solo alcancé a escuchar la voz de una mujer.


-¿Bella?-decía la mujer en tono desesperado.-Oh Bella me has asustado.-continuó.


En ese momento levanté la cabeza para ver que quien estaba parada en mitad de aquella sala enorme era mi amiga, Bella estaba allí con cara de pánico y los ojos medio llorosos, como si buscara a alguien. Entonces el video se paró y el hombre salió de su escondite dirigiéndose hacia donde se encontraba mi amiga. Quise gritar pero ningún sonido salió de mis labios, quise salir en su ayuda pero mis piernas no respondieron.


Los ojos de aquel hombre se tornaron de repente en un rojo intenso, mientras ambos se miraban cara a cara. No logré escuchar de lo que hablaban, solo pude distinguir el nombre de Edward y de Alice de toda su conversación. Bella temblaba de pánico pero se le veía bastante firme sobre sus pies. La conversación poco a poco se fue tornando un poco menos cordial, Bella empezó a llorar y entonces vi como el hombre se abalanzaba sobre mi amiga.


Mis ojos no daban crédito a lo que tenían delante de ellos. Tapé mi rostro con las manos, no podía seguir viendo aquello, mientras escuchaba los gritos de dolor de mi amiga.


-No.-la escuché gritar-No, Edward, no lo hagas por favor.


Mis ojos no paraban de llorar a causa del sufrimiento que estaba sufriendo mi amiga, pero no entendía nada. Edward no estaba allí, ¿porque Bella lo mencionaba constantemente?, ¿quién era aquel hombre?, ¿porqué le hacía eso a Bella?


De pronto absolutamente todo se quedó en silencio, y me atreví a volver a abrir los ojos. Las lagrimas aun empañaban mi visión, pero alcancé a ver que no estaba en el mismo lugar, ahora me encontraba en el aparcamiento de un hospital frente a la entrada de urgencias. Mi corazón latía a mil por hora a causa de todo lo que estaba presenciando, nada tenía sentido, pero todo parecía tan real que hacía que me estremeciera con cada sonido que escuchaba en ese momento.


De repente se escuchó el sonido de un coche derrapando a unos cuantos metros de donde yo me encontraba y segundos después aparecía un Mercedes Clase S negro con los cristales tintados frenando en seco justo en la puerta de la urgencia. Cual fue mi sorpresa cuando del coche se bajaban el doctor Cullen y Edward con Bella en brazos, ella llevaba la pierna ensangrentada y parecía estar inconsciente.


Mi corazón poco a poco se fue calmando, Bella parecía estar a salvo en manos de Edward, pero seguía sin entender nada, todo era demasiado confuso. Froté mis ojos para hacer desaparecer las ultimas lagrimas que habían salido de ellos y cuando los volví a abrir desperté. Estaba en mi habitación, sentada sobre mi cama, empapada en lagrimas y con el corazón encogido, todo había sido un sueño, una de las peores pesadillas que había tenido nunca, pero Bella estaba bien y eso me hizo dar un suspiro de alivio.


Volví a recostarme en la cama aunque dudaba que pudiera volver a dormirme después de aquel disgusto. Estuve un rato mirando hacia el techo de mi habitación y se me venían a la mente imágenes del sueño que acababa de tener. La mirada de miedo Bella, la hermosura aterradora de aquel hombre y sus ojos rojos como el fuego que parecía arder dentro de él, y los gritos desesperados de dolo de mi amiga.


Miré el reloj de la mesilla de noche y aun eran las cinco de la mañana, aun quedaban dos horas para que me sonara el despertador. Bajé a por un vaso de leche para ver si lograba conciliar el sueño de forma tranquila, aunque me aterraba que si volvía a dormirme esas imágenes volvieran a mi. El simple pensamiento sobre ello hizo que se me erizara hasta el ultimo pelo de mi cuerpo y las lagrimas volvieran a asomar por mis ojos.


Finalmente el sueño pudo y el cansancio pudo mas que el miedo, y volví a dormirme plácidamente. Esta vez dormí sin ningún percance, sin ninguna de esas espantosas imágenes que había vivido minutos antes.